Al final llegamos a la entrada del parque
donde nos esperaba la chalana
para pasearnos por la Laguna de Canaima.
Nos relajamos con sus caídas de agua.
Y al llegar a la playa de la laguna
no queríamos partir.
Pero era necesario llegar a la posada,
buscar las maletas, montarse en la avioneta...
Y despedirse desde las alturas de Canaima.
De lo extenso de sus aguas...
...Y lo mágico de su tierra.
De pronto, guiados por el GPS...
Comienza la urbanidad que anuncia
que de nuevo estamos en Ciudad Bolívar.
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